Aquella noche, el pequeño Edwing apenas pudo dormir porque estaba muy nervioso pensando que pronto su problema de cara de pan de pueblo desaparecería y nunca ma eclipsaría a sus amigos en las fotos.
En cuanto amaneció Edwing despertó a Moyo y se fueron juntos a fumar porros al estanque de sus amigos los patos demorfes. Se pasaron allí toda la mañana filosofando sobre sus almas profundas y oscuras, los atardeceres rojos y muchas otras cosas de suma importancia.
El día se le estaba haciendo eterno al pobre Edwing, asi que después de comer pensó que lo mejor era dormir una siestica ya que por la noche no había dormido casi nada y queria estar fresco para su gran cita en la cueva de los mil buitres malignos comedores de niños.
Godofredo, el hermano de Edwing, a pesar de faltarle un hervor como una catedral, se dió cuenta de que pasaba algo raro, y como era muy desagradable le dijo:
- " ¿que te pasa hoy pequeño hogacín? ¡ estás como mas nervioso y feo de lo normal !
Edwing le dijo que era porque ya no le quedaban porros y se fue a su habitación con cara de disgusto para disimular. Godofredo dijo entre dientes:
- que fato es el pobre...
y se fué con su novia Jenny a dar una vuelta en su nuevo coche tuneado.
Durante la siesta, Edwing no paraba de soñar que ya no tenía cara de pan, se levantaba de un salto e iba corriendo a mirarse al espejo, pero siempre veia ese cabezo que guardaba un gran parecido con una enorme rebanada de pan de pagués. Asi que finalmente decidió levantase y pasa el resto de la tarde chateando con su amigo Enujto por el mesenger de yahoo.
Cuando ya no quedaba mucho para que anocheciera, fué a despertar a Moyo, que como estaba un poco fumado, se habia acostado un ratico con el fin de estar en condiciones de ver la transformacion de su amigo. Pero cuando Edwing levantó la manta de la cama de Moyo descubrió que no estaba allí, y como no podía esperar más, decidió irse él solo, al fin y al cabo Moyo sabía ir solo a cualquier sitio y a lo mejor se había adelantado para darle una sorpresa.
Durante casi una hora el joven Edwing recorrió el largo camino lleno de obstáculos como la charca de los cuerzos rabiosos o los descuidados aposentos del Rey Obsoleto, hasta que por fín llegó a la cueva de los mil buitres malignos comedores de niños.
Como aún quedaba un poco para que anocheciera, los buitres no le esperaban, y estaban comentando su plan en voz alta. Había una gran roca que emergía entre cientos de buitres de todos los colores, y en el centro de ella,se alzaba triunfante el mismo buitre leonado que había invitado a Edwing el día anterior. En su pata derecha sujetaba un pequeño micro negro que sólo sacaba en las fiestas o en ocasiones especiales.
Edwing se adentraba en la cueva lentamente sin darse cuenta porque estaba ensimismado observando la decoración de la cueva, que a pesar de ser bastante fea estaba muy bien decorada y llena de objetos valiosos. Incluso habias grandes lienzos en aguna paredes con paisajes preciosísimos, y si te situabas en ciertas partes de la cueva ¡hasta parecian reales!.
De repente Ykeleazes, que asi se llamaba el buitre leonado, subió mucho el tono de voz porque se percató de que algunos buitres, sobre todos los blancos que eran muy despistados, no prestaban demsiada atención. Edwing se sobresaltó y decidió escuchar un poco antes de irrumpir en aquel lugar tan desonocido:
- ¡ ...y en cuanto el pequeño cara de pan llegue, yo haré la señal con mi ala izquierda y lo agarrararéis entre todos para que no escape, luego le obligaremos a beber la poción que le robé a la Bruja Coruja del Monte Obtuso, y en pocos segundos se convertirá en un perfecto abogado y economista y lo retendremos aqui con nosotros para siempre! ¡nunca mas tendremos que hacer la declaración de la renta!
Todos los buitres empezaron a aletear de la emoción, y uno de ellos bastante escuchimizado y de color verde fosforito consiguió aletear un poco por encima de los demás y añadio:
- ¡ Y nosotros, los Buitres Cleptómanos S.A. tendremos siempre a mano un buen abogado que nos ayude con los problemas ocasionados por nuestros pequeños hurtos!
y un montón de buitres verdes empezaron a aletear por encima de los demás para celebrarlo.
Edwing, que lo habia escuchado todo con suma atención, se asustó mucho y en cuanto sus temblorosas piernas reaccionaron, intentó huir de allí lo más rápido posible antes de que nadie le viera, pero como estaba muy nervioso, tropezó con un pequeño saliente de los muchos que había en la cueva y de forma instintiva, se agarró al mantel de una gran mesa octogonal que estaba en zona muy oscura y apenase veía. Como el mantel estaba pegado a la mesa con resina casera de buitre, la mesa se vino abajo y con ella toda la cubertería de plata de los buitres provocando un ruido ensordecedor y descubriendo la presencia del pequeño Edwing ante los mil buitres malignos.

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