Érase una vez un ponible y super agradabl muchacho llamado Edwing.

El joven Edwing viva en una ciudad super lejana.

A edwing le encantaba salir a darle de comer a las lechuzas de su fabulosa ciudad. Esas lechuzas eran muy majas, y como eran mágicas sólo se alimentaban de musgo blanco.

Bien, ahora que ya todos los lectores conocen a nuestro pequeño Edwing, comencemos su historia:

El pobre estaba disgustadísimo, porque salía de fiesta todos los sábados con sus amigos y hacian muchas fotos, pero el siempre salía mal. Tenia un gran trauma.

Edwing era un chico muy guapo, era negro. Pero en las fotos parecía un platirrincho.