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Terra
La Coctelera

Te quiero normal Capítulo 6

-Oh, malditas lechuzas, ¡¡nos han abandonado!! Sabía que no podíamos confiar en ellas y en su mal augurio...

Los buitres tenían la inyección preparada, y cuando estaba a escasos milímetros del cuello de nuestro pequeño aventurero...

-Accchús!!!

-Jesús, gran sabio jefe Ykeleazes.

Tras el breve inciso, Ykeleazes se sonó el pico y tiró el pañuelo a un wc que tenían, pero estaba la cisterna estropeada y el pañuelo quedó ahí con los mocos flotando.

Sin más preambulo, el gran animal alzó la inyección al aire... y...

AAAAAAAAAAAAAAAAAaaaaaaaaa

Se levantó una gran polvareda dentro de la cueva, algo estaba sucediendo. Cuando el ambiente se despejó...

-Dios mio, Edwing!!! Son chica Hierba y chico Gorra!!

Clamó Moyo con gran expectativa

Todos los buitres estaban atados en marañas de hierba super dura, y llevaban puesta una gorra roja poderosa que les impedía escapar. Era un plan bueno bueno.

Salvaron al niño y al macaco, y se fueron de allí como alma que lleva al diablo. Los buitres se las arreglarían solos, porque las gorras eran biodegradables para no ir sembrando el caos por todo el medio ambiente. "Salva al planeta, y yo te tocaré una teta" solía decir el amable y apuesto chico Gorra.

Ya en casa, Moyo con su gran disgusto dijo:

-Ves, pequeño Ed? Cambiar ese rostro pálido casi te convierte en un horrible ejecutivo. Bueno, rostro pálido es un decir. Jo, macho, a mí me gustas así... te quiero.

-Pero...¿me quieres mucho?

-Bueno...mucho mucho...te quiero normal.

Te quiero normal Capítulo 5

Todos los buitres empezaron a graznar muy enojados, pues la cubertería de plata era uno de sus más preciados tesoros, y se avalanzaron sobre Edwing con los picos super ansiosos.

Ykeleazes estaba muy furioso y ordenó que lo ataran en el gran palo del terror, que era un enorme poste rosado y lleno de florecitas, situado en una de las salas de la cueva.

El gran buitre leonado miró a Edwing con cara maléfica y dijo:

- " ¡Bien pequeño panojo! ¡ya que has escuchado nuestro plan, nos ahorarremos los engaños y pasaremos directamente a darte nuestra maravillosa poción...!

Pero de repente, apareció una liana de la nada y de ella bajó Moyo, que como venía un poco fumado, no se había dado cuenta de la situacíon y dijo:

- ¡Por fín os encuentro! ¡veo que he llegado a tiempo puesto que Ed aún tiene su característica cara de pan! Es que me fui a pasear con las lechuzas mágicas y nos entretuvimos un poco...

- ¡Apañad también al mono!

Gritó Ykeleazes, y antes de que Moyo se percatara de lo que ocurría, se vió atado junto a Edwing en el gran palo del terror.

Las lechuzas, que venian un poco por detrás de Moyo, se asomaron a la cueva con su silencio habitual, y al ver a sus amigos atados, se confirmaron todos sus temores, y como eran muy pocas en comparación con los butres, salieron volando tan rápido como puediron.

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Buitre leonado Ykeleazes

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Te quiero normal Capítulo 4

Aquella noche, el pequeño Edwing apenas pudo dormir porque estaba muy nervioso pensando que pronto su problema de cara de pan de pueblo desaparecería y nunca ma eclipsaría a sus amigos en las fotos.

En cuanto amaneció Edwing despertó a Moyo y se fueron juntos a fumar porros al estanque de sus amigos los patos demorfes. Se pasaron allí toda la mañana filosofando sobre sus almas profundas y oscuras, los atardeceres rojos y muchas otras cosas de suma importancia.

El día se le estaba haciendo eterno al pobre Edwing, asi que después de comer pensó que lo mejor era dormir una siestica ya que por la noche no había dormido casi nada y queria estar fresco para su gran cita en la cueva de los mil buitres malignos comedores de niños.

Godofredo, el hermano de Edwing, a pesar de faltarle un hervor como una catedral, se dió cuenta de que pasaba algo raro, y como era muy desagradable le dijo:

- " ¿que te pasa hoy pequeño hogacín? ¡ estás como mas nervioso y feo de lo normal !

Edwing le dijo que era porque ya no le quedaban porros y se fue a su habitación con cara de disgusto para disimular. Godofredo dijo entre dientes:

- que fato es el pobre...

y se fué con su novia Jenny a dar una vuelta en su nuevo coche tuneado.

Durante la siesta, Edwing no paraba de soñar que ya no tenía cara de pan, se levantaba de un salto e iba corriendo a mirarse al espejo, pero siempre veia ese cabezo que guardaba un gran parecido con una enorme rebanada de pan de pagués. Asi que finalmente decidió levantase y pasa el resto de la tarde chateando con su amigo Enujto por el mesenger de yahoo.

Cuando ya no quedaba mucho para que anocheciera, fué a despertar a Moyo, que como estaba un poco fumado, se habia acostado un ratico con el fin de estar en condiciones de ver la transformacion de su amigo. Pero cuando Edwing levantó la manta de la cama de Moyo descubrió que no estaba allí, y como no podía esperar más, decidió irse él solo, al fin y al cabo Moyo sabía ir solo a cualquier sitio y a lo mejor se había adelantado para darle una sorpresa.

Durante casi una hora el joven Edwing recorrió el largo camino lleno de obstáculos como la charca de los cuerzos rabiosos o los descuidados aposentos del Rey Obsoleto, hasta que por fín llegó a la cueva de los mil buitres malignos comedores de niños.

Como aún quedaba un poco para que anocheciera, los buitres no le esperaban, y estaban comentando su plan en voz alta. Había una gran roca que emergía entre cientos de buitres de todos los colores, y en el centro de ella,se alzaba triunfante el mismo buitre leonado que había invitado a Edwing el día anterior. En su pata derecha sujetaba un pequeño micro negro que sólo sacaba en las fiestas o en ocasiones especiales.

Edwing se adentraba en la cueva lentamente sin darse cuenta porque estaba ensimismado observando la decoración de la cueva, que a pesar de ser bastante fea estaba muy bien decorada y llena de objetos valiosos. Incluso habias grandes lienzos en aguna paredes con paisajes preciosísimos, y si te situabas en ciertas partes de la cueva ¡hasta parecian reales!.

De repente Ykeleazes, que asi se llamaba el buitre leonado, subió mucho el tono de voz porque se percató de que algunos buitres, sobre todos los blancos que eran muy despistados, no prestaban demsiada atención. Edwing se sobresaltó y decidió escuchar un poco antes de irrumpir en aquel lugar tan desonocido:

- ¡ ...y en cuanto el pequeño cara de pan llegue, yo haré la señal con mi ala izquierda y lo agarrararéis entre todos para que no escape, luego le obligaremos a beber la poción que le robé a la Bruja Coruja del Monte Obtuso, y en pocos segundos se convertirá en un perfecto abogado y economista y lo retendremos aqui con nosotros para siempre! ¡nunca mas tendremos que hacer la declaración de la renta!

Todos los buitres empezaron a aletear de la emoción, y uno de ellos bastante escuchimizado y de color verde fosforito consiguió aletear un poco por encima de los demás y añadio:

- ¡ Y nosotros, los Buitres Cleptómanos S.A. tendremos siempre a mano un buen abogado que nos ayude con los problemas ocasionados por nuestros pequeños hurtos!

y un montón de buitres verdes empezaron a aletear por encima de los demás para celebrarlo.

Edwing, que lo habia escuchado todo con suma atención, se asustó mucho y en cuanto sus temblorosas piernas reaccionaron, intentó huir de allí lo más rápido posible antes de que nadie le viera, pero como estaba muy nervioso, tropezó con un pequeño saliente de los muchos que había en la cueva y de forma instintiva, se agarró al mantel de una gran mesa octogonal que estaba en zona muy oscura y apenase veía. Como el mantel estaba pegado a la mesa con resina casera de buitre, la mesa se vino abajo y con ella toda la cubertería de plata de los buitres provocando un ruido ensordecedor y descubriendo la presencia del pequeño Edwing ante los mil buitres malignos.

Te quiero normal Capítulo 3

Entre broncas y reconciliaciones vivían nuestros pequeños amigos. Pero Edwing sabía que Moyo tenía razón... tenía cara de pan de pueblo.

Moyo nunca mentía a su amigo, porque tenía anticiclones y sentimientos.

¿Qué iba a hacer Edwing con su cabeza de hogaza? Cada día estaba más triste y se escondía para que nadie le viera. Fue a ver a sus amigas lechuzas mágicas para que le buscaran una solución:

-Pero hijo, cada uno tiene que ser feliz con su propio aspecto... es la moraleja de las historias!

-Mi moraleja ni moralejo, yo no quiero tener este rostro!

En esto que pasa un gran buitre leonado, (gyps fulvus) y le dijo al chiquillo:

-Yo tengo la solución a tus problemas, pequeño pan de centeno. Ven conmigo mañana al anochecer a la cueva de los mil buitres malignos comedores de niños y te llevarás una gran alegría. Muajajaja!!!

-De acuerdo!! Mañana a la puesta de sol iré a esa cueva!!

Las lechuzas mágicas intentaron disuadirle pero como estaban en época lluviosa y húmeda había mucho musgo y se lo fueron a comer todo.

Te quiero normal Capítulo 2

Nuestro adorable protagonista vive con sus padres, sus hermanos mayores Eustaquia y Godofredo y un pequeño mono llamado Moyo.

Moyo era un preciosísimo y super agradable mono rosa con unas articlcione realmente adaptables a cualquier situación. Era muy fiestero y todos los sábados se las arreglaba para que nuestro Edwing se lo llevara de fiesta con él.

Edwing y moyo eran muy amigos y se contaban todos sus secretos.

Un dia lluvioso de mayo, Edwing invitó a moyo a fumar unos porros buenos buenos que le habian pasado sus amigas las lechuzas mágicas come musgo. Salieron aprovechando que por fin había dejado de llover, y Edwing decidió contarle a moyo el tremendo disgusto que le causaba salir tan mal en las fotos, per Moyo estaba enfadado con su amigo (y un poco fumado ya que el pobre tenia muy poco aguante) y le contesto muy rancio:

-" ¡¡Eso es porque tienes cara de pan de pueblo!! " .

El pobre Edwing se quedó mucho más disgustadísimo, miro a Moyo con odio e instinto asesino, lo cogió por sus pqueños brazitos, lo tiró a un charco y se fue corriendo.

Moyo se puso super triste y se fue a casa solo, mojado, enjuto y pensativo,

Cuando llegó, Edwing le estaba esperando, le miró con cara de estar un poco arrepentido y le dijo:

- " ¡Es culpa tuya! ¿por que estás tan rancio ultimamente?

y Moyo, que había decidido no hablarle, le miró super triste y le contestó:

- " ¡ Porque solo me quieres normal! "

Te quiero nomal

Érase una vez un ponible y super agradabl muchacho llamado Edwing.

El joven Edwing viva en una ciudad super lejana.

A edwing le encantaba salir a darle de comer a las lechuzas de su fabulosa ciudad. Esas lechuzas eran muy majas, y como eran mágicas sólo se alimentaban de musgo blanco.

Bien, ahora que ya todos los lectores conocen a nuestro pequeño Edwing, comencemos su historia:

El pobre estaba disgustadísimo, porque salía de fiesta todos los sábados con sus amigos y hacian muchas fotos, pero el siempre salía mal. Tenia un gran trauma.

Edwing era un chico muy guapo, era negro. Pero en las fotos parecía un platirrincho.